— . . . Punto de Vista de Ronan . . . — El pequeño dormía en mis brazos, envuelto en una manta blanca que apenas dejaba ver su rostro. Su respiración era suave, pausada, y cada pequeño movimiento suyo parecía un milagro contenido entre mis manos. Tenía los párpados cerrados, las pestañas finas y oscuras, y esa tranquilidad inocente que solo los recién nacidos poseen. Lo observé durante minutos que se sintieron eternos, intentando grabar cada detalle en mi mente, porque por primera vez en mucho tiempo sentí que sostenía algo puro. — “ Mi hijo. ” — Esa palabra resonaba dentro de mí con un eco que no se apagaba. Mi hijo. Lo repetía mentalmente una y otra vez, intentando acostumbrarme a su peso, al significado que traía consigo. Aun así, debajo de esa emoción latía algo más: un dolor agudo, invisible, que me atravesaba el pecho como una herida abierta que no sanaba. Porque, mientras lo miraba, no podía evitar pensar en Isabela. M
Ler mais