— . . . Punto de vista de Isabela . . . —
Habían pasado dos semanas desde que me fui a ayudar con mi grupo a la ciudad vecina, y sentía que cada día lejos de casa me pesaba en el pecho. Todo era un caos constante que apenas me dejaba respirar, pero cada noche, antes de cerrar los ojos, pensaba en Ronan. Imaginaba su voz, su risa contenida, su manera de fruncir el ceño cuando algo lo molestaba. Lo extrañaba tanto que dolía. Pero no solo volvía por que el caos donde fuimos había termi