Livia se aferró a Aldus con tanta fuerza que sus uñas casi se clavaron en la piel del rey. Su cuerpo convulsionaba violentamente, pero en sus ojos —por un instante— brilló el mismo color que el de su lobo. Y en ese momento, Aldus lo supo: Lilly estaba comenzando a regresar.Cuando Lilly se reunió con Livia, el cuerpo de esta última empezó a convulsionar con aún más fuerza. La cama parecía deshacerse bajo la intensidad de los espasmos. Su respiración se volvió entrecortada y agonizante, como si cada inhalación fuera una batalla contra la propia muerte.“Su Majestad…”, llamó Beta suavemente desde el umbral de la puerta, pero el rey le ignoró por completo.Los ojos de Livia se abrieron y, por un momento, el azul y el dorado —los colores de su lobo— brillaron con intensidad. Pero acto seguido, su cuerpo se desplomó de nuevo, casi sin vida.“¡No! Livia, ¡lucha!”, gritó Aldus, y su voz retumbó en toda la habitación. Agarró el rostro de la mujer con firmeza, intentando mantenerla consciente.
Leer más