El enfrentamiento visual entre los dos seres poderosos se prolongó como una cuerda de arco tensa a punto de romperse. Era como si sus almas chocaran, entrelazándose en cada mirada; ninguno estaba dispuesto a ceder, ninguno estaba dispuesto a mostrar la más mínima debilidad.
El aire parecía haberse vuelto denso, pesado y asfixiante. Los guerreros de ambos bandos se movían inquietos, divididos entre el asombro y el pavor. Una palabra incorrecta, un movimiento imprudente, y toda la manada podría v