POV de NINA
El silencio que siguió a la tormenta de gritos en la cabaña era más aterrador que el viento que golpeaba las ventanas. Mateo ya estaba en su cama, exhausto por el llanto y el susto, pero yo no podía dejar de temblar. Caminé hacia el porche, ignorando las advertencias de los guardias de Dante que patrullaban el jardín con linternas de alta potencia.
—Señora, por favor, entre. No es seguro —dijo uno de los hombres, pero lo aparté con la mirada.
Necesitaba ver el lugar donde mi hijo ca