POV de NINA
El cartero de Interlaken era un hombre amable, de mejillas curtidas por el sol de montaña, que siempre dejaba el correo en el pequeño buzón de madera tallada a la entrada del sendero. Esa mañana, mientras el rocío aún brillaba sobre las dalias del jardín, lo vi alejarse en su bicicleta amarilla. Salí de la casa envuelta en un cárdigan de lana gruesa, tratando de ignorar el presentimiento que me oprimía el pecho desde la noche anterior.
Entre las facturas del servicio eléctrico y un