POV de NINA
El vestido de seda color esmeralda que Lucia Alcantara me había enviado era, sin duda, una armadura de alta costura. Pero al mirarme al espejo del hotel en Zurich, no me sentía como una mujer poderosa; me sentía como una pieza de exhibición que los Alcantara querían pulir para que el escándalo de Madrid no empañara sus diamantes.
—Estás preciosa, Nina —dijo Theo, acercándose por detrás. Él lucía un esmoquin impecable, pero el cabestrillo de seda negra que sostenía su brazo izquierdo