POV de NINA
El aire de Interlaken era tan puro que a veces sentía que mis pulmones no sabían cómo procesarlo. Era una pureza que dolía, muy diferente al aire pesado y cargado de secretos de Madrid. Miré por la ventana de la cocina hacia los picos nevados del Eiger, mientras el vapor de mi té de manzanilla empañaba los cristales.
—¿Mami? ¿Ya es hora de ir por Paman Theo al centro de salud? —la voz de Mateo me sacó de mis pensamientos.
Me giré y lo vi sentado a la mesa, con su cuaderno de alemán