POV de JOSEEl supermercado del barrio era un laberinto de luces fluorescentes y estantes mal organizados que me ponía los nervios de punta. Llevaba diez minutos mirando una caja de cereales, atrapado en la inercia de una rutina que no me pertenecía. A mi lado, un hombre mayor hablaba por teléfono, ajeno a que yo estaba analizando sus patrones de movimiento, la disposición de las salidas de emergencia y el ángulo ciego de las cámaras de seguridad que, para ser honestos, probablemente ni siquiera grababan.Cada vez que alguien se acercaba demasiado, mis músculos se tensaban con una memoria muscular que se negaba a atrofiarse. El perro de guardia siempre está de servicio, me dije a mí mismo, forzándome a relajar los hombros. Pero era difícil. En la Castellana, el peligro era una variable conocida, una cifra en una pantalla de control. Aquí, en la mundanidad de un barrio de clase media, el peligro era el caos, el ruido sin sentido y la imprevisibilidad de la gente que no tenía nada que o
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