POV de NINAMe senté en la mesa del rincón, la única que me permitía una visión clara de ambas puertas de entrada y de la ventana que daba a la calle. Jose, a mi lado, mantenía la espalda contra la pared, su mano izquierda descansando cerca de la mesa, no por hábito de boxeador, sino porque era la forma en que su cuerpo se sentía seguro.Llevábamos dos semanas viviendo en un apartamento de alquiler en un barrio que no aparecía en los mapas de las altas finanzas. No teníamos cuentas, no teníamos nombres reales, y ciertamente, no teníamos planes de futuro más allá del día siguiente.—La gente aquí camina despacio —observó Jose, mirando a través del cristal. Sus ojos grises aún conservaban esa chispa de alerta constante que le impedía relajarse del todo—. No se dan cuenta de quién está a su lado. Es extraño.—Es la libertad, Jose —respondí, aunque la palabra me resultó ajena en la lengua. Me ajusté el jersey barato que había comprado en un mercado callejero. Ya no llevaba seda, ni joyas,
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