POV de JOSEEl olor a café cargado y a desinfectante barato llenaba el despacho de Nina, pero para mí, el aire de Madrid nunca había sido tan puro. Estaba recostado en el sofá de cuero, con el brazo izquierdo inmovilizado por un cabestrillo negro y el torso envuelto en vendajes limpios. La fiebre había remitido, dejando en su lugar una lucidez fría y afilada. Ya no era el director general de Vargas Industries, los periódicos matutinos ya hablaban de mi "dimisión irrevocable por motivos de salud", pero mientras miraba a Nina revisar unos informes en su escritorio, sabía que nunca había tenido tanto poder.El tintineo de la campana de la entrada rompió la quietud de la mañana. No me moví, pero mis músculos se tensaron por puro instinto.A través del cristal esmerilado de la puerta del despacho, vi una silueta conocida. Theo Alcantara. Ya no vestía el abrigo largo de lana gris ni venía escoltado por sus guardias de élite. Llevaba una chaqueta sencilla, el cabello un poco desordenado y el
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