POV de NINA
El volante de mi coche se sentía helado bajo mis dedos. Conducía por las avenidas sombrías de la Moraleja, el barrio donde los millonarios de Madrid escondían sus fortunas y sus pecados detrás de altos muros de piedra y cámaras de seguridad perimetral. En el asiento del copiloto, envuelta en un paño estéril, llevaba la llave que me abriría las puertas del infierno: una réplica en gel de silicona médica de la huella dactilar de Jose. Lo había moldeado a toda prisa en la camilla de la