POV deNinaEl sonido metálico de la llave girando en la cerradura de mi despacho a las once de la noche era la única frontera que me quedaba. Sentada frente al monitor, la luz blanca iluminaba las ojeras que el corrector no lograba tapar. Habíamos regresado de Londres con las cuentas blindadas, pero el orden era una ilusión. En el cajón inferior, bajo llave, descansaban los informes de la filial de París que Jose me había obligado a firmar en el avión.Al revisar las líneas de código del software financiero de De la Cruz & Vargas Holdings, mi respiración se detuvo.Ahí estaba. Una cláusula oculta en el protocolo de transferencia de la matriz. El cuarenta y nueve por ciento de Mateo estaba a salvo del consejo, pero Jose había entrelazado nuestras firmas digitales de tal forma que, para liberar los activos líquidos en caso de una auditoría externa del fisco español, el sistema exigía una clave biométrica conjunta. Su huella y la mía. Una vez más, el lobo de Madrid había diseñado una jau
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