POV de NINAEl aroma a perfume de nardos y alta costura francesa inundó la recepción de la clínica antes de que pudiera ver a la mujer que lo portaba. No era el olor limpio de Theo, ni la fragancia artificial de Rosalia. Era un olor antiguo, aristocrático, el tipo de perfume que se usa para marcar territorio.Estaba revisando unas fichas cuando escuché el taconeo firme sobre el mármol de la entrada. Me asomé por el pasillo y vi a Rosalia encogida detrás de su mostrador, completamente intimidada por la figura que tenía enfrente.Sofia Alcantara.La madre de Theo vestía un traje de chaqueta azul marino de Chanel, guantes de piel y un collar de perlas que reflejaba la luz de la tarde con una frialdad insultante. Su rostro, estirado por la cirugía y la soberbia, no mostraba una sola arruga, pero sus ojos grises eran dos témpanos de hielo.—Doctora De la Cruz —dijo, al verme aparecer. No usó un tono agresivo; su voz era baja, educada, el tono que una reina usaría con una sirvienta eficient
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