Capítulo 41. La sangre es más espesa
—¡Suelta la mano de papá, tío Julian! ¡No lo toques! —gritó Leo, rompiendo el silencio de aquella habitación VVIP.El niño se había despertado con la respiración agitada; su rostro, que antes estaba pálido, ahora se había enrojecido. Su mano izquierda aferraba con fuerza la manga de la camisa negra de Dominic, ya arrugada, mientras sus ojos vidriosos miraban con firmeza a Julian, que permanecía de pie al otro lado de la cama.Julian se quedó inmóvil. Su mano, que instantes antes iba a tirar del hombro de Dominic, quedó suspendida en el aire. Detrás de él, dos hombres de traje gris permanecían rígidos: los abogados que había traído esa mañana para ejecutar una evacuación forzada.—Leo, cariño, soy el tío Julian —lo persuadió, intentando sonreír—. Estoy aquí para llevarte a Londres. Allí hay mejores médicos, juguetes nuevos, y no tendrás que volver a ver a este hombre.—¡NO! —gritó Leo con más fuerza. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas aún redondeadas como las de un niño p
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