Capítulo 48. La palma de la mano del tirano
—Avery, no llames al jardinero. Puedo hacer este trabajo.
Avery negó suavemente con la cabeza, algo sorprendida por la forma en que Dominic buscaba llamar su atención.
—¿Estás seguro? ¿Alguna vez has hecho jardinería?
Dominic sonrió con rigidez.
—No, pero ya vi tutoriales en el teléfono. Parece pan comido, muy fácil.
Avery asintió, sin querer apagar el ánimo de su exmarido.
—Sí, supongo que será suficiente. Pero ¿por qué de repente quieres hacer esto? ¿Es algún tipo de intento...? —preguntó de