Capítulo 15 Camila La sensación de estar en mi propia piel es horrible: me da vueltas la cabeza, apenas puedo abrir los ojos y, mucho menos, levantarme de la cama, de tal es mi debilidad. Me duele la pierna más de lo normal, y cuando me moví, no pude evitar gemir de dolor. Busco y pulso el botón para llamar a alguien a la habitación, pero, aunque lo pulsé, no apareció nadie. Y ahora tengo ganas de vomitar. Un rato después, oigo que se abre la puerta y Elizabeth entra en la habitación.—Dios mío, señora. ¿Qué ha pasado? Todo iba bien hasta que me fui —dijo ella, aterrorizada.Sentí sus manos en mi frente y, al parecer, había acertado: tenía fiebre, pues enseguida dijo:—Quédese aquí un ratito más, voy a buscar al médico —dijo ella y, una vez más, me quedé sola en la habitación.Tardó en volver y yo estaba muy angustiada, llegando a pensar que moriría en ese lugar; tengo la impresión de que se me está hinchando la cara y la noto cada vez más caliente, debe de ser la fiebre
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