CAPÍTULO VEINTINUEVE Camila Fernandez Me acerqué a su coche, con cuidado de no mancharme el vestido, y él, al igual que Augusto, me abrió la puerta. Puedo decir que estoy emocionada, porque hasta ahora solo he estado encerrada aquí, y me apetece mucho despejarme un poco la mente.No sé nada de Italia; lo poco que vi, apenas lo observé bien, pues fue el día de la huida y de mi regreso a esta casa, que fue muy extraño y sombrío para mí.Don Pablo iba al volante y yo en el asiento del copiloto; puso una canción, el ambiente es bastante pesado y el silencio se apoderó del coche. Mirando por la ventana vi lugares bonitos, y el viento estaba un poco frío, quizá tenga frío más tarde.No estaba tan cerca, y el sonido de la melodía italiana me reconfortó un poco. Aparcó el vehículo negro, parecía un Lamborghini, muy bonito y cómodo. Bajó y me abrió la puerta, tendiéndome la mano para que la agarrara y pudiera bajar, y yo la agarré.Sentí una mano rodeándome la cintura y no me gustó,
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