Perspectiva de DominicEl trayecto hacia la clínica San Raffaele fue inusualmente silencioso, al menos por mi parte. Mi mente estaba fija en ese apretón de manos de la madrugada anterior, en la esperanza de ver esos ojos miel abiertos de nuevo. A mi lado, Liam y Spencer compartían una tensión diferente, una que olía a café mal dormido y a secretos de pasillo.Spencer, que conducía con una mano en el volante y la otra rascándose la nuca, no dejaba de mirar a Liam por el retrovisor. De repente, frenó en un semáforo y se giró bruscamente.—¿Qué demonios es eso, Liam? —preguntó Spencer, señalando con el índice el cuello de mi primo.Liam, que estaba sumergido en su tablet tratando de ocultar su rostro, se tensó. En el lado derecho de su cuello, justo debajo de la mandíbula, una marca violácea —un "chupón" indiscutible— brillaba bajo la luz del sol matutino.—Es... una reacción alérgica, Spencer —respondió Liam sin parpadear, aunque sus orejas se pusieron rojas—. El detergente de tus sában
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