HEKTOR—¡Héctor, no te muevas o te voy a picar con un alfiler! —me amenazó Majo, jalándome bruscamente de la solapa del esmoquin para acomodarme el pañuelo.—Estoy perfectamente bien, Majo. Deja de desquitar tu mal humor conmigo —le respondí, mirándola a través del espejo del camerino.Majo traía un vestido de noche color vino que la hacía lucir espectacular, pero su rostro era una máscara de hielo. No despegaba los ojos de las listas de prensa, Bruno entró al camerino en ese momento, abrochándose las mancuernillas de su propio traje, luciendo notablemente pálido.—Héctor, la alfombra roja está a reventar. Hay más de doscientos medios acreditados y los fanáticos de la novela están bloqueando la avenida Reforma —anunció Bruno, deteniéndose a un metro de Majo. La miró fijamente, buscando sus ojos—. Majo... coordiné las vallas del área izquierda como me pediste. ¿Quieres que revisemos los accesorios juntos antes de que comience el desfile?Majo se giró despacio, le clavó una mirada de de
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