Capítulo 175. La ratonera del Támesis
El eco sordo de las sirenas en la superficie golpeaba el hormigón agrietado como el latido de un gigante agonizante. Amara, con la espalda firmemente apoyada contra la pared húmeda, respiraba bocanadas cortas y dolorosas a través de la densa trama del trapo sucio. Sus ojos, ya libres de la opacidad impuesta por el fingimiento, fijos en la compuerta metálica que Khostas Varkas y sus hombres habían sellado hacía apenas un par de minutos, brillaban con una lucidez feroz. Sabía que cada segundo que pasaba la acercaba más a Aslan, y que la agonía de sus ligaduras pronto sería sustituida por el abrazo del rescate. El aire denso del sótano apestaba a moho, a óxido y al miedo que los criminales habían dejado flotando en su precipitada huida.Entonces, el mundo pareció detenerse. Un crujido espantoso, agudo y metálico, desgarró el zumbido de las sirenas lejanas. No procedía de las escaleras de hierro que conducían a la superficie, sino del suelo. Al fondo de la estancia, los goznes oxidados de
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