Hay nombres capaces de detener el tiempo, este es uno de ellos.—Tu padre.La voz de Herrera no es fuerte, no necesita serlo, basta con esas dos palabras para que el aire parezca desaparecer de mis pulmones.Nadie habla, nadie respira.Solo escucho el rumor del viento atravesando los árboles y el lejano sonido de un camión pasando por la carretera, completamente ajeno a que, a pocos metros de allí, tres vidas acaban de cambiar otra vez.Miro a Herrera.Espero que rectifique, que diga que se equivocó, que el mensaje estaba mal, que el nombre pertenece a otra persona. No ocurre.Permanece inmóvil, con el teléfono todavía encendido entre los dedos. La pantalla ilumina parcialmente su rostro, marcando unas ojeras que antes no había notado. Parece un hombre que lleva demasiado tiempo durmiendo poco.Alaric es el primero en romper el silencio, no levanta la voz, eso me asusta más.—Mi padre... estuvo aquí.Herrera asiente muy despacio.—Hace unos minutos.Alaric entrecierra los ojos, su exp
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