No sé quién toma la decisión de marcharse: quizá Alaric, quizá yo, quizá ninguno de los dos.Solo sé que, cinco minutos después, estamos caminando de regreso hacia el automóvil mientras Lucian y Herrera continúan discutiendo.No los escucho, no quiero hacerlo.Siento que, si permanezco un minuto más cerca de esos hombres, voy a terminar creyendo que toda mi vida fue una mentira.El aire frío golpea mi rostro.Respiro hondo, no ayuda. Alaric camina a mi lado completamente en silencio.No me toma de la mano, no dice una palabra, pero algo en él no está bien.Lo noto en la forma en que respira demasiado rápido, demasiado superficial, como si el aire ya no alcanzara para llenar sus pulmones.Cuando llegamos al automóvil, abre la puerta del conductor, y se queda inmóvil con la mano sobre la manija.Sin entrar.—Alaric.No responde.Solo sigue mirando el interior del coche como si hubiera olvidado por qué vino hasta aquí.Entonces veo cómo sus dedos empiezan a temblar muy poco, pero tiembla
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