El Video.
La cerradura termina de girar.
Nadie respira.
Puedo escuchar mi propio corazón golpeándome dentro del pecho mientras la manija comienza a bajar muy despacio.
No sé qué espero encontrar del otro lado: hombres armados, el padre de Selene, cualquier cosa.
La puerta se abre apenas unos centímetros, después completamente y la habitación queda en silencio.
No entra nadie.
Frunzo el ceño.
—¿Qué...?
Lucian levanta una mano inmediatamente.
—No —Su voz sale baja, muy baja—. No se muevan.
Alaric tampoco a