SE QUEDÓ observándolo mientras se alejaba, con el sonido de sus pasos desvaneciéndose por el pasillo, dejándola allí, congelada por la sorpresa. Su corazón latía de forma irregular en su pecho. Algo no encajaba. Adrian... estaba cambiando. Muy sutilmente, pero lo suficiente como para inquietarla. La forma en que se movía, la manera en que apenas la miró antes de irse, todo se sentía diferente.Su mente trabajaba a mil por hora. «¿Por qué actúa así?».Entonces, como si le hubiera llegado una inspiración repentina, una pequeña y decidida sonrisa se formó en sus labios. No podía dejar pasar el momento. Si quería verlo de nuevo esta noche, tenía que actuar ahora. Rápidamente, fue tras él, con pasos suaves y silenciosos pero urgentes sobre el suelo pulido.—¿Cariño? ¡Por favor, espera! —llamó, con la voz cargada de esperanza y un toque de desesperación.Adrian se detuvo bruscamente, con la mano apoyada en el pomo de la puerta. Se giró lentamente, con una expresión que mezclaba curiosidad y
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