Capítulo 63
EL coche de Adrian finalmente entró en la entrada del garaje pasadas las nueve de la noche. El cielo estaba teñido de profundos matices naranjas y púrpuras, ya que el sol había desaparecido hacía tiempo tras el horizonte. Vivian ya estaba en la sala de estar, con el tenue aroma de la cena que había preparado horas antes flotando en el aire. Había puesto la mesa meticulosamente: platos alineados, cubiertos pulidos, servilletas dobladas en triángulos perfectos. Una suave vela parpadea