CLARA suspiró profundamente, con su bolsa de compras colgando floja de su muñeca mientras se detenía en seco. Amelia, sintiendo ya que algo andaba mal, también había dejado de caminar, mirando a su amiga con ojos muy abiertos y expectantes.Entonces, Clara lo soltó.—Bueno... según Leonard —comenzó, con la voz un tono más bajo—, dice que Adrian tiene una novia que ha mantenido en secreto desde hace tres años. Como su... su amante.El aliento de Amelia se atascó en su garganta. El ruido bullicioso del centro comercial, el parloteo de los compradores, el hilo de música de fondo, incluso los chillidos ocasionales de niños emocionados... todo se desvaneció en un borrón de silencio. Lo único que podía oír eran las palabras de Clara resonando en su cabeza. Amante. Tres años.Sus labios temblaron, pero no salió ni una palabra. Se quedó clavada en el suelo de baldosas, apretando el asa de su bolso con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.Clara, incómoda por el silencio, añadió s
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