(NARRADO POR EIRA)El silencio en el apartamento no era tranquilo. Para mí, el silencio era un cuarto lleno de espejos, todos rotos, todos reflejando una versión distorsionada de quien yo era. Me sentía atrapada en un laberinto sin salida, donde cada paso que daba me llevaba de vuelta al punto de partida: esa sensación de ser insuficiente, de ser una mancha en el camino de Keelen, de ser la chica gorda, la chica diabética, la chica que lo perdió todo y que ahora, por puro egoísmo, intentaba construir un mundo sobre los escombros de su familia.Mis pensamientos eran un enredo de hilos negros que no podía desenredar. ¿Por qué me ama? ¿Acaso es lástima disfrazada de heroísmo arqueológico? ¿Se despierta por la noche preguntándose qué demonios hace con alguien como yo?Keelen estaba sentado en el suelo junto a la cama, apoyado contra el colchón, conmigo sobre él. Sus brazos me rodeaban con una firmeza que, aunque intentaba darme seguridad, a veces me hacía sentir que estaba sosteniendo al
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