Victor salió de la oficina, su mente en turmoil. Durante años, había cargado con el peso aplastante de la culpa por la muerte de Elara. Lo había perseguido en las noches y ensombrecido sus días. Sin embargo ahora… ella estaba frente a él otra vez, viva, respirando… solo bajo un nombre diferente.
¿Podría ser realmente cierto? ¿No era ella la que había llorado todos estos años? Su rostro, su voz… Eran los mismos. Inconfundibles. Lo suficientemente familiares como para hacer temblar su corazón.
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