El mapa de la hacienda llevaba dos horas en la mesa con mis anotaciones encima.Líneas de tiempo en rojo. Posiciones de los mercenarios marcadas con los datos de Dante. La entrada subterránea que Perla había trazado de memoria, en verde, porque era el único activo que Crisanto no tenía en su mapa.El perímetro sur con su punto ciego en negro. Y las dos fechas críticas marcadas con círculos: la audiencia del Consejo en ocho días, el vencimiento del contrato de los mercenarios en cuarenta y ocho horas.Dos frentes. Dos cronogramas distintos que no eran casualidad.Eran diseño.Reconstruí el plan completo de Crisanto desde el primer movimiento.No los fragmentos que habíamos estado viendo en el último mes — el documento del Consejo, los mercenarios en el perímetro sur, la marcación como acceso forzado.El plan como sistema. Cómo cada pieza dependía de las otras, en qué orden se activaban, qué contingencias tenía si una fallaba.Lo que me llamó la atención no fue la maldad del plan.Fue l
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