100. Hacker
La ciudad de Nueva York, impresionante pero al mismo tiempo abrumadora, me saludaba de manera silenciosa. Acariciaba mi vientre mientras miraba desde el sofá que se encontraba en la oficina de Oliver la ciudad a través de su ventanal. Desde donde me encontraba, todos parecían pequeños, insignificantes, pero sabía que todos eran importantes. Estábamos en el área más importante, donde parecía que todo podía verse. ¿Se podría? No. La sensación de que algo no estaba encajando en mi vida me había estado persiguiendo los últimos días. Eso que grita a los cuatro vientos que había un peligro impresionante. —Katherine, ¿piensas dormir? Así llamaré para que te traigan algo más cómodo. Su voz, suave y preocupada, hizo que girase el rostro. Sonreí ligeramente, negando con la cabeza. —No, es que desde aquí todo… parece demasiado tranquilo y controlado. Él se levantó con calma, sentándose a mi lado. Acarició mi vientre con cariño paternal. Por unos segundos, me hizo sentir en una nube llena
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