99. Calma
Un leve cosquilleo, ya conocido, me hacía sentir más viva que nunca.
Con lentitud abría los ojos. El color amarillento de la mañana se filtraba lentamente en la habitación. Oliver, hipnotizado por mi vientre, le daba besos. Acariciaba con ternura esa parte de mi cuerpo como si fuese lo más preciado en su vida.
Paz.
Demasiada.
Solo con cuatro días había sido suficiente para que, poco a poco, el caos de Agatha menguara. Aún se hablaba en redes, pero solo sobre la foto que se filtró de ella siendo