105. Caliente
Un día lleno de emociones que, aunque no quisiera admitirlo, me habían revuelto las emociones. Alexandro me había conducido a la nueva casa que Oliver había adquirido para nuestra pequeña familia. A pesar de que era enorme, no se sentía fría. Era la sensación de tener esa calidez que solo una casa familiar podría dar. —Señorita Lionheart, ¿necesita que consiga algo para usted antes de irme? —No, no te preocupes. Él solo asintió con calma, dejándome dentro de la casa. Al movernos, las cámaras de manera robótica me siguieron al instante. Oliver había conseguido la mejor tecnología en seguridad para nuestra casa. Si una mosca se movía, él iba a notarlo. —Señora Lionheart, recuerde que mañana no estaré con usted. —Lo sé, Alexandro, tú solo descansa. Me dedicó una leve sonrisa. Alexandro trabajaría los seis días de la semana; el séptimo iba a descansar, yendo a visitar a su madre y su sobrina. Tras asegurarse de que entré, se retiró. Al llegar, en la puerta había dos hombres
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