Me quedo en la plaza durante veinte minutos.No sé el nombre de la plaza. Tiene una fuente en el centro que no funciona, con el pilón lleno de agua estancada y hojas del invierno pasado que nadie recogió. Tres bancos. Un árbol grande con la sombra suficiente. La arquitectura del entorno es del novecientos: edificios de cuatro plantas con las fachadas de ladrillo que en Madrid indican que el barrio existía antes de que la especulación llegara.No conozco este barrio.Caminé sin dirección tres manzanas después de salir de Walker Holdings y terminé aquí.Mateo.El nombre tiene tres sílabas. Ma-te-o. El mismo ritmo que Diego, que también tiene tres sílabas. Die-go. El mismo ritmo que muchos nombres que no se eligen, que llegan asignados por alguien antes de que uno pueda opinar sobre el ritmo que va a llevar el resto de su vida.Tres años.Mateo tiene tres años.Diego Walker tiene un hijo de tres años que yo no sabía que existía.Lo pongo en orden. La aritmética de los meses. Si Mateo tie
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