El sábado amanezco a las seis y cuarenta y cinco.
Sin alarma. Con la luz de julio que ya existe a esa hora y que en Madrid en verano llega antes de que uno haya decidido si está listo para recibirla.
Me quedo en la cama veinte minutos.
Lo que Diego dijo anoche sigue en el aire del apartamento como lo que queda de una conversación cuando las palabras ya se fueron pero el peso todavía no.
Antes del hospital te quería.
Tres palabras antes de la declaración que importa: antes del hospital.
No despu