JON—Hola, hermosa.—Hola, Jon, ¿cómo estás?—Huy, Paola, ese milagro que me hablas, que me contestas el saludo; hoy voy a comprar la lotería, de seguro me la gano.—Ja, ja, ja, tan chistoso, por eso es que me caes súper.—Por supuesto, por eso no me hablas.—Tan bobo, lo que sucede es que no quiero tener problemas en el trabajo, tú sabes, eres un mensajero y yo una operadora, además amiga de su hermana, por cierto…—Ah, ya entendí, es por eso que me saludaste, quieres saber algo del chisme de moda, de mi hermana, y ¿sabes?—¿Qué?—Angie es mi hermanastra.—Ja, ja, ja, de nuevo con tus chistes. —Paola se jala el diminuto vestido para taparse el escote y luego se lo jala de abajo para que no se vean los pantis; aunque el verdadero propósito es captar la atención de su interlocutor hacia sus torneadas formas, y le funcionó a la perfección.—Definitivamente, eres muy hermosa; es un suertudo el que pueda estar contigo. Si me colocan a escoger entre miles de toneladas de oro y tú, obviamen
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