AngieElla consideró que se habría librado, y que nunca más volvería a salir con él, así que se relajó y consideró dormir hasta que se pudiera ir a casa.—Tranquila, seré suave, e iremos con calma, te lo prometo. —Angelo sonrió.—Tan lindo, muchas gracias. —Angie se acercó y lo besó en la mejilla, considerando que dejaría un límite, y así fue; se detuvieron, destendieron la cama para arroparse, luego se abrazaron para dormir.—Que duermas, mi niña hermosa. —Él la besó en la frente mientras en su interior le gritaba: “Maldita sea, a esa vieja no la vuelvo ni a llamar, qué mal, con toda la plata que perdí invitándola a comer, a bailar y en este hotel, todo para nada, no puede ser”.—Hasta mañana, mi rey. —Ella lo miró a los ojos, y sentía que le gustaba; lo complejo es que no era tanto como su amado CEO.Angelo le dio la espalda y se alejó para que ni un centímetro de ella lo tocara, y Angie se quedó despierta mirando el techo, sintiéndose como una niña boba. “Yo no soy virgen, es ciert
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