El rugido de los motores del avión privado Gulfstream G650 del Grupo Valderrama rompió el silencio de la noche sobre el océano Atlántico. En el interior de la lujosa cabina, iluminada con una luz tenue y cálida, el ambiente se sentía mucho más frío que el aire helado que reinaba fuera del aparato. Valentina estaba sentada en un amplio sillón de cuero, pero su cuerpo permanecía rígido y tenso como si fuera una estatua de cera. En sus brazos, Mateo dormía profundamente, agotado tras haber llorado sin parar durante la obligada huida desde Galicia.Frente a ella, Sebastián sostenía una copa de whisky en la mano. No apartaba la vista de Valentina ni un solo instante, como si temiera que, si parpadeaba por un segundo, la mujer se desvaneciera en una nube de humo.Bebe un poco, Vale. No has probado bocado desde que salimos del apartamento dijo él con voz suave, aunque su tono denotaba una autoridad indiscutible.Valentina levantó la cabeza. Sus ojos, enrojecidos por la falta de sueño, mir
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