La luz del sol de la mañana en Bogotá se filtraba a través de las cortinas de seda del ala este de la mansión Valderrama, pero su calor no lograba derretir el ambiente gélido que reinaba en la habitación de Valentina.
Tras pasar la primera noche agobiante desde su regreso forzado de España, Valentina se paró frente al gran espejo, vistiendo un traje médico de color gris oscuro preparado especialmente para ella.
Ya no llevaba la ropa cómoda de punto que solía usar en Galicia; había vuelto a co