El frío del suelo de mármol que se extendía al otro lado de la puerta de la habitación situada en el ala este de la mansión de los Valderrama parecía calar hasta la médula de los huesos de Valentina.
Los sollozos de Mateo, que hasta hacía poco se oían débiles y lejanos, habían dado paso a un silencio mucho más aterrador: un silencio que confirmaba que Sebastián había logrado separarlos por completo.
Valentina se levantó lentamente y se limpió las lágrimas restantes de las mejillas con el dors