Esa noche en Bogotá se sentía más amenazante que de costumbre, como si la naturaleza misma supiera que un imperio estaba a punto de ser sacudido desde sus cimientos.
Valentina se paraba frente al gran espejo de la habitación situada en el ala este, vestida con ropa totalmente negra oculta bajo su bata médica.
En la cuna, Mateo dormía profundamente; una imagen que le brindaba a Valentina una fuerza inmensa, pero al mismo tiempo le causaba un dolor insoportable.
Sabía que el paso que daba esa