El cielo sobre Galicia tenía hoy un tono azul pálido, como si la lluvia de la noche anterior lo hubiera lavado a conciencia.
El aire traía el olor salino del mar mezclado con el aroma de pan recién horneado que salía de la panadería situada justo debajo del apartamento de Valentina.
En un concurrido mercado tradicional de las afueras de Vigo, Valentina que ahora usaba la identidad de Elena elegía naranjas con mucho cuidado.
Su aspecto había cambiado. Su larga cabellera, siempre impecablemente