Un silencio opresivo envolvía el fondo del abismo de Antioquia, roto solo por el silbido del vapor caliente que salía del radiador destrozado del coche de Sebastián. Humo gris ascendía, mezclándose con la bruma fría de la montaña. Dentro de la cabina volcada, el mundo parecía girar para Valentina. Un líquido cálido corría por su sien, doloroso y viscoso sangre."Sebas..." susurró Valentina. Su voz estaba ronca, su garganta ardía como si hubiera inhalado polvo y pólvora de los airbags que se habían desplegado.Intentó mover el cuerpo, pero un dolor agudo le atravesó el vientre. Las contracciones volvieron, esta vez acompañadas de una intensa malestar. Se obligó a mirar al lado. Sebastián yacía inclinado sobre el volante destrozado, su rostro apoyado en él. Sus piernas estaban atrapadas bajo el salpicadero deformado, y una pieza metálica afilada de la puerta le atravesaba el hombro izquierdo.En el asiento trasero, Carolina seguía sujeta por el cinturón de seguridad, los ojos abierto
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