Capítulo 31 —Marcados
Narrador:
Aurora seguía jadeando. El cuerpo le vibraba por dentro, como si algo hubiera estallado y aún no terminara de asentarse. Pero sus ojos ya no estaban nublados. Ahora lo miraban con una mezcla de determinación y deseo que le erizó la piel a Caín.
—Ahora es mi turno —dijo ella, con la voz ronca, desafiante, dulce y peligrosa al mismo tiempo.
Caín apenas logró parpadear cuando sintió sus manos en su pecho, empujándolo con suavidad hacia atrás, hasta hacerlo recostarse