Capítulo 32 —Lo que no se puede desatar
Narrador:
Hacer que Aurora bebiera de su sangre en medio de su unión no había sido un capricho de pasión. Para Caín había sido un acto sagrado, el más íntimo, el más definitivo.
Ella no lo comprendía del todo todavía. Lo sentía, sí. Pero no alcanzaba a dimensionar lo que significaba sellar un vínculo vampírico de esa forma. No era deseo, no era romanticismo exacerbado; era permanencia.
Y eso era precisamente lo que lo atormentaba.
Porque desde que Ernestin