Capítulo 48 —Me enamoré de ella.Narrador:No tardó mucho.Después del baño tan largamente reclamado, Dilan fue conducido hasta el despacho. Esther había cumplido con una eficacia impecable. La ropa limpia, sin duda, era de Caín: un pantalón oscuro, una camisa de buena tela, sobria, impecable, ligeramente ajustada en un cuerpo que seguía transmitiendo la misma amenaza animal de antes, solo que ahora envuelta en una apariencia decente.Cuando entró, lo hizo con la desenvoltura irritante de quien no llega como prisionero, sino como hombre al que por fin se le devuelve un trato a su altura.Miró alrededor una vez, apenas.El despacho estaba exactamente como Dilan lo habría imaginado: sobrio, elegante, sin excesos vulgares, con esa clase de lujo antiguo que no necesitaba exhibirse para imponerse.Caín lo esperaba junto al bar.Dilan se detuvo a unos pasos y se miró las mangas de la camisa.—Gracias por el baño y la ropa limpia —dijo, levantando la vista hacia él—. Supongo que esta camisa e
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