Capítulo 38 —El rumor como arma
Narrador:
Los Lobos Plateados olían distinto. No era un olor bonito, ni siquiera “fuerte” como el de una manada dominante.
Era un olor limpio, frío., preciso. Como metal pulido.
Dilan avanzó sin apuro, a propósito. Porque si corría, parecería un intruso. Si se escondía, parecería un enemigo.
Él no iba a eso. Él iba a entregarse.
Sintió la primera presencia antes de verla: ojos desde la oscuridad, respiraciones bajas, un movimiento sutil entre ramas.
Dilan no sacó