POV: ELENAEl sol de Amalfi entraba por los ventanales con una crueldad brillante, iluminando cada rincón de la suite. Me desperté con esa extraña sensación de pesadez en el pecho, una mezcla de agotamiento físico y una alerta instintiva que no lograba silenciar. A mi lado, la cama estaba vacía, pero la sábana aún conservaba el calor de Damián.Me puse su camisa de lino, que me quedaba enorme, y caminé descalza por la habitación. Desde que llegamos a Italia, Damián se había vuelto... diferente. Ya no era solo el hombre que miraba desde las sombras; ahora era una presencia constante, casi asfixiante. Sus caricias eran más intensas, sus besos tenían un sabor a desesperación y, a veces, cuando creía que yo dormía, sentía su mirada fija en mí durante horas, como si tuviera miedo de que me desvaneciera si parpadeaba.Bajé las escaleras buscando el aroma del café, pero lo que encontré fue un silencio sepulcral.—¿Damián? —llamé, pero nadie respondió.Caminé hacia el salón principal. Todo pa
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