POV: ELENA
El yate se detuvo en medio de la madrugada. El rugido de los motores fue reemplazado por el suave chapoteo del agua contra el casco y el canto de insectos nocturnos que no reconocía. Damián me sacó de la cabina inferior, envolviéndome en una manta de lana fina. Sus manos eran firmes, pero había una urgencia eléctrica en su toque que me decía que habíamos llegado a lo que él consideraba su "santuario".
Frente a nosotros, una masa oscura de tierra se alzaba contra el cielo estrellado.