POV: DAMIÁNEl búnker de Utah era una obra maestra de la arquitectura brutalista: hormigón, acero y silencio. Diseñado para resistir un ataque nuclear, ahora se sentía como una caja de resonancia para mis propias inseguridades. Llevábamos tres días allí, y el aire se sentía cargado de una electricidad estática que hacía que el vello de mis brazos se erizara cada vez que Elena entraba en la habitación.Ella no dormía. O al menos, no de la forma en que los humanos lo hacen. Se sentaba en el centro de la sala de control, con los ojos abiertos, fijos en la nada, mientras las pantallas a su alrededor parpadeaban a una velocidad que mis ojos apenas podían seguir.—Elena, tienes que descansar —dije, acercándome con una bandeja de comida que sabía que ella ignoraría.Ella no se movió, pero las luces de la habitación se atenuaron rítmicamente, como si el búnker mismo estuviera suspirando.—No hay descanso en la red, Damián —su voz sonaba distante, como si estuviera hablando desde el fondo de u
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